martes, 26 de agosto de 2008

EL CRISTIANISMO

Jerusalén era el núcleo del movimiento cristiano; al menos lo fue hasta su destrucción a manos de los ejércitos de Roma en el 70 d.C. Desde este centro, el cristianismo se desplazó a otras ciudades y pueblos de Palestina, e incluso más lejos. En un principio, la mayoría de las personas que se unían a la nueva fe eran seguidores del judaísmo, para quienes sus doctrinas representaban algo nuevo, no en el sentido de algo novedoso por completo y distinto, sino en el sentido de ser la continuación y realización de lo que Dios había prometido a Abraham, Isaac y Jacob. Por lo tanto, ya en un principio, el cristianismo manifestó una relación dual con la fe judía: una relación de continuidad y al mismo tiempo de realización, de antítesis, y también de afirmación. La conversión forzada de los judíos durante la edad media y la historia del antisemitismo (a pesar de que los dirigentes de la Iglesia condenaban ambas actitudes) constituyen una prueba de que la antítesis podía ensombrecer con facilidad a la afirmación. Sin embargo, la ruptura con el judaísmo nunca ha sido total, sobre todo porque la Biblia cristiana incluye muchos elementos del judaísmo. Esto ha logrado que los cristianos no olviden que aquel al que adoran como Señor era judío y que el Nuevo Testamento no surgió de la nada, sino que es una continuación del Antiguo Testamento.

Una importante causa del alejamiento del cristianismo de sus raíces judías fue el cambio en la composición de la Iglesia, que tuvo lugar más o menos a fines del siglo II (es difícil precisar cómo se produjo y en qué periodo de una forma concreta). En un momento dado, los cristianos con un pasado no judío comenzaron a superar en número a los judíos cristianos. En este sentido, el trabajo del apóstol Pablo tuvo una poderosa influencia. Pablo era judío de nacimiento y estuvo relacionado de una forma muy profunda con el destino del judaísmo, pero, a causa de su conversión, se sintió el "instrumento elegido" para difundir la palabra de Cristo a los gentiles, es decir, a todos aquellos que no tenían un pasado judío. Fue él quien, en sus epístolas a varias de las primeras congregaciones cristianas, formuló muchas de las ideas y creó la terminología que más tarde constituirían el eje de la fe cristiana; merece el título de primer teólogo cristiano. Muchos teólogos posteriores basaron sus conceptos y sistemas en sus cartas, que ahora están recopiladas y codificadas en el Nuevo Testamento. Véase también San Pablo.
De las epístolas ya consideradas y de otras fuentes que provienen de los dos primeros siglos de nuestra era, es posible obtener información sobre la organización de las primeras congregaciones. Las epístolas que Pablo habría enviado a Timoteo y a Tito (a pesar de que muchos estudiosos actuales no se arriesgan a afirmar que el autor de esas cartas haya sido Pablo), muestran los comienzos de una organización basada en el traspaso metódico del mando de la primera generación de apóstoles, entre los que se incluye a Pablo, a sus continuadores, los obispos. Dado el frecuente uso de términos tales como obispo, presbítero y diácono en los documentos, se hace imposible la identificación de una política única y uniforme. Hacia el siglo III se hizo general el acuerdo respecto a la autoridad de los obispos como continuadores de la labor de los apóstoles. Sin embargo, este acuerdo era generalizado sólo en los casos en que sus vidas y comportamientos asumían las enseñanzas de los apóstoles, tal como estaba estipulado en el Nuevo Testamento y en los principios doctrinales que fundamentaban las diferentes comunidades cristianas.

LA EDAD MEDIA

La Edad Media o Medioevo es el período histórico de la Civilización Occidental comprendido entre el siglo V y el XV. Su comienzo se sitúa tradicionalmente en el año 476 con la caída del Imperio Romano de Occidente y su fin en 1492 con el descubrimiento de América, o en 1453 con la caída del Imperio Romano de Oriente, fecha que tiene la ventaja de coincidir con la invención de la imprenta (Biblia de Gutenberg).
Actualmente los historiadores del periodo prefieren matizar esta ruptura entre
Antigüedad y Edad Media de forma que entre los siglos III y VIII se suele hablar de Antigüedad Tardía, que habría sido una gran etapa de transición en todos los ámbitos: en lo económico, para la sustitución del modo de producción esclavista por el modo de producción feudal; en lo social, para la desaparición del concepto de ciudadanía romana y la definición de los estamentos medievales, en lo político para la descomposición de las estructuras centralizadas del Imperio romano que dió paso a una dispersión del poder; y en lo ideológico y cultural para la absorción y sustitución de la cultura clásica por las teocéntricas culturas cristiana o islámica (cada una en su espacio).
Suele dividirse en dos grandes períodos: Temprana o Alta Edad Media (siglo V a siglo X, sin una clara diferenciación con la Antigüedad Tardía); y Baja Edad Media (siglo XI a siglo XV), que a su vez puede dividirse en un periodo de plenitud, la Plena Edad Media (siglo XI al siglo XIII), y los dos últimos siglos que presenciaron la Crisis de la Edad Media o del siglo XIV.
Aunque hay algunos ejemplos de utilización previa,
el concepto de Edad Media nació como la segunda edad de la división tradicional del tiempo histórico debida a Cristóbal Cellarius (Historia Medii Aevi a temporibus Constanini Magni ad Constaninopolim a Turcis captam deducta (Jena, 1688), quien la consideraba un tiempo intermedio, sin apenas valor por sí mismo, entre la Edad Antigua identificada con el arte y la cultura de la civilización grecorromana de la Antigüedad clásica y la renovación cultural de la Edad Moderna -en la que él se sitúa- que comienza con el Renacimiento y el Humanismo. La popularización de este esquema ha perpetuado un preconcepto erróneo: el de considerar a la Edad Media como una época oscura, sumida en el retroceso intelectual y cultural, y un aletargamiento social y económico secular (que a su vez se asocia con el feudalismo en sus rasgos más oscurantistas, tal como se definió por los revolucionarios que combatieron el Antiguo Régimen). Sería un periodo dominado por el aislamiento, la ignorancia, la teocracia, la superstición y el miedo milenarista alimentado por la inseguridad endémica, la violencia y la brutalidad de guerras e invasiones constantes y epidemias apocalípticas.
Sin embargo, en este largo periodo de mil años hubo todo tipo de hechos y procesos muy diferentes entre sí, diferenciados temporal y geográficamente, respondiendo tanto a influencias mutuas con otras civilizaciones y espacios como a dinámicas internas. Muchos de ellos tuvieron una gran proyección hacia el futuro, entre otros los que sentaron las bases del desarrollo de la posterior expansión europea, y el desarrollo de los agentes sociales que desarrollaron una sociedad estamental de base predominantemente rural pero que presenció el nacimiento de una incipiente vida urbana y una burguesía que con el tiempo desarrollarán el capitalismo. Lejos de ser una época inmovilista, la Edad Media, que había comenzado con migraciones de pueblos enteros, y continuado con grandes procesos repobladores (Repoblación en la Península Ibérica, Ostsiedlung en Europa Oriental) vio cómo en sus últimos siglos los antiguos caminos (muchos de ellos vías romanas decaídas) se reparaban y modernizaban con airosos puentes, y se llenaban de toda clase de viajeros (guerreros, peregrinos, mercaderes, estudiantes, goliardos) encarnando la metáfora espiritual de la vida como un viaje (homo viator).
También surgieron en la Edad Media formas políticas nuevas, que van desde el califato islámico a los poderes universales de la cristiandad latina (Pontificado e Imperio) o el Imperio Bizantino y los reinos eslavos integrados en la cristiandad oriental (aculturación y evangelización de Cirilo y Metodio); y en menor escala, todo tipo de ciudades estado, desde las pequeñas ciudades episcopales alemanas hasta repúblicas que mantuvieron imperios marítimos como Venecia; dejando en la mitad de la escala a la que tuvo mayor proyección futura: las monarquías feudales, que transformadas en monarquías autoritarias prefiguran el estado moderno.


Santa Sofía de Constantinopla (532-537). Los cuatro minaretes son una adición correspondiente a su transformación en mezquita, a raíz de la conquista turca (1453). El Imperio Bizantino fue la única institución política (aparte del papado) que mantuvo su existencia por la totalidad del periodo medieval.


La ciudad medieval de Carcasona. Ciudades amuralladas, puentes bien guarnecidos y castillos son parte de la imagen bélica de la Edad Media. El aspecto actual es fruto de una recreación historicista del siglo XIX, cuando las murallas ya no eran funcionales, y la mayor parte de las ciudades europeas las derribaba. El deseo de recuperarlas es una muestra de medievalismo.


Ermita del Cristo de la Luz en Toledo, anteriormente mezquita. La convivencia entre civilizaciones alternó entre el enfrentamiento y la tolerancia, el aislamiento y la influencia mutua.
De hecho, todos los conceptos asociados a lo que se ha venido en llamar
modernidad aparecen en la Edad Media, en sus aspectos intelectuales con la misma crisis de la escolástica. Ninguno de ellos sería entendible sin el propio feudalismo, se entienda este como modo de producción (basado en las relaciones sociales de producción en torno a la tierra del feudo) o como sistema político (basado en las relaciones personales de poder en torno a la institución del vasallaje), según las distintas interpretaciones historiográficas.
El choque de civilizaciones entre Cristiandad e Islam, manifestado en la ruptura de la unidad del Mediterráneo (hito fundamental de la época, según Henri Pirenne, en su clásico Mahoma y Carlomagno), la Reconquista española y las Cruzadas; tuvo también su parte de fértil intercambio cultural (escuela de Traductores de Toledo, Escuela Médica Salernitana) que amplió los horizontes intelectuales de Europa, hasta entonces limitada a los restos de la cultura clásica salvados por el monacato altomedieval y adaptados al cristianismo.
La Edad Media realizó una curiosa combinación entre la diversidad y la unidad. La diversidad fue el nacimiento de las incipientes naciones... La unidad, o una determinada unidad, procedía de la religión cristiana, que se impuso en todas partes... esta religión reconocía la distinción entre clérigos y laicos, de manera que se puede decir que... señaló el nacimiento de una sociedad laica.
... Todo esto significa que la Edad Media fue el período en que apareció y se construyó Europa.

Esa misma Europa Occidental produjo una impresionante sucesión de estilos artísticos (prerrománico, románico y gótico), que en las zonas fronterizas se mestizaron también con el arte islámico (mudéjar, arte andalusí, arte árabe-normando) o con el arte bizantino.

LOS GERMANOS

Los pueblos germanos o germánicos fueron una etnia de origen indoeuropeo que pertenecía al grupo de las tribus que ocupaban la región ubicada al norte del Imperio Romano, conocida como Germania. Las tribus germánicas más conocidas son los godos, los francos, los burgundios, los vándalos y los suevos. A pesar de constituir tribus separadas, los germanos poseían características muy similares.

Origen de la denominación:
Como los romanos los consideraban formidables guerreros, es probable que su denominación provenga del término germánico heer-mann[cita requerida], hombre de guerra, que también dio origen a los actuales nombres propios Hernán y Germán[cita requerida]. Puede también provenir de Hermann[cita requerida], el caudillo germano que masacró las legiones de Varo en la batalla del bosque de Teutoburgo. Esta derrota caló hondo en el orgullo de los romanos, ya que debieron replegarse a la ribera izquierda del Rin, frontera que perduró hasta la desintegración del Imperio Romano.


Historia:

Según los hallazgos arqueológicos, se establecieron hacia el año
500 a. C. sobre las costas del Mar Negro y el Mar Báltico. Los antiguos griegos no supieron de su existencia y los romanos recién los conocieron cuando los germanos comenzaron a avanzar hacia el interior de Europa alrededor del comienzo de la Era cristiana. Este avance pudo haber sido causado por catástrofes naturales o por su gran aumento demográfico. Se estima que en esa época sumaban entre uno y cuatro millones, contra menos de un millón de romanos y sus vasallos. Para contener sus avances, los romanos crearon una frontera fortificada, el limes («límite» o «frontera», en castellano), a lo largo del Rin y el Danubio.

El comienzo de las invasiones:
Entre los años
235 y 285, Roma estuvo sumida en un periodo de caos y guerras civiles. Esto debilitó las fronteras, y los germanos, en busca de nuevas tierras, se desplazaron hasta la frontera norte del Imperio. Los emperadores de la época permitieron el ingreso de los germanos bajo dos condiciones: debían actuar como colonos y trabajar las tierras, además de ejercer como vigilantes de frontera. Sin embargo, la paz se acabó cuando Atila, el rey de los hunos, comenzó a hostigar a los germanos, que invadieron el Imperio. Luego de la retirada de los hunos, las tribus bárbaras se establecieron en el interior del Imperio: los francos y burgundios tomaron la Galia, los suevos, vándalos y visigodos se asentaron en Hispania, los hérulos tomaron la península Itálica tras derrotar y destituir al último emperador romano, Rómulo Augústulo. Posteriormente, los hérulos se enfrentarían a los ostrogodos, saliendo estos últimos victoriosos y tomando el control de toda la península.

Los reinos germánicos:


Los distintos pueblos germánicos se asentaron en diferentes zonas del antiguo Imperio Romano de Occidente, fundando reinos en los que los germanos pretendieron inicialmente segregarse como una élite social separada de la mayoría de la población local. Con el tiempo, los más estables de entre ellos (visigodos y francos) consiguieron la fusión de las dos comunidades en los aspectos religioso, legislativo y social.
La diferencia cultural y de grado de civilización entre los pueblos germánicos y el Imperio romano era muy notable, y su contacto produjo la asimilación por los germanos de muchas de las costumbres e instituciones romanas, mientras que otras propias de sus antiguas tradiciones e instituciones se conservaron, formando así la cultura que se desarrolló en la Europa medieval y que es la base de la actual
civilización occidental.
Características comunes [editar]


La cultura del Bronce (alrededor de 1200 a. C.) en el norte de Europa.
Todos los pueblos germánicos se regían por una monarquía electiva. El rey o jefe de la tribu era elegido por una asamblea de guerreros, que además administraban la justicia, pactaban la paz o declaraban la guerra. No poseían un código legislativo, por lo que se regían por el
derecho consuetudinario.
La organización en cuanto al poder era bastante simple. La clase de los visigodos, que tenían acceso a los puestos de mando (asamblea de guerreros, mandos militares) y podían ser nombrados reyes de su tribu. Los hombres libres, quienes formaban parte del ejército, practicaban la caza y otras actividades cotidianas. Los esclavos, quienes debían trabajar las tierras y obedecer a un amo; sin embargo, recibían un trato más o menos similar al de un hombre libre, al contrario de culturas como la griega y la romana.

lunes, 25 de agosto de 2008

LOS HUNOS

Los hunos fueron una confederación de tribus Euro-asiáticas, muchas de ellas de los más diversos orígenes unidos por una aristocracia que hablaba una lengua túrquica. Este grupo humano apareció en Europa en el siglo IV, y su máximo exponente fue Atila el Huno. Los hunos fueron llamados bárbaros por los romanos, a los que invadieron entre los siglos IV y V.

Sociedad:
Excelentes jinetes arqueros, veloces y decididos, de táctica impredecible, extendieron el miedo por el Imperio. Pactaron con Roma en contra de los germanos de Europa Central y, hacia el 432, tenían un caudillo principal, Rua o Rugila, a cuya muerte (434) le sucedieron sus sobrinos Bleda y Atila. Eran nómadas y vivían en chozas temporales, aunque conocían la propiedad de la tierra y solían serpentear por zonas concretas que estuvieran en su poder. Por su condición nómada, la vaca y la cacería tenían un papel más importante en su economía que la agricultura. Las carencias en su dieta eran saciadas por medio del comercio y de forma mucho más seguida, el pillaje en territorio extranjero. Las armas que empleaban en la guerra eran la espada recta, la lanza; el lazo, que era una especie de cuerda con la que lazaban a sus enemigos y les tronaban el cuello, y el arco compuesto, que solían utilizar desde el caballo. A esto contribuía el uso del estribo, que tomaron de los chinos y que introdujeron más tarde en Persia y Europa.

Cultura:

Por su origen se cree que la lengua de los hunos debió ser del tronco uralo-altaico, el grupo al que pertenecen lenguas como el turco o el mongol. La hipótesis de que su lengua fuera en realidad de la familia irania, basada en las inscripciones de monedas halladas en tumbas hunas procedentes del actual Afganistán y algunas ex repúblicas soviéticas ha sido rechazada hoy en día pues se ha demostrado que tales monedas sólo repetían el mismo patrón que las persas de zonas limítrofes. Por otra parte, algunas fuentes chinas los relacionan con pueblos siberianos como los samoyedo, pero esto tampoco casa con los datos aportados por la arqueología.
En cuanto a la religión no se sabe casi nada de ella, aparentemente tenían un tipo de "adoración al caballo (ya que estos animales eran una figura casi "sagrada" para ellos en su cultura). Las fuentes romanas suelen referirse a ellos como individuos subhumanos carentes de cualquier clase de dios y moral, sin creencia en otra vida aparte de la terrenal , aunque se sabe que tenían algo parecido a chamanes o brujos en su tribu (que creían en al existencia de abominaciones subterráneas infernales), especializados en la adivinación a partir del examen de restos y huesos de animales. Originalmente cremaban a sus muertos, aunque más adelante comenzaron a inhumarlos. Practicaban tanto la
poliandria como la poliginia.
El historiador romano
Amiano Marcelino nos dejó un texto donde podemos observar la visión deformada que los romanos tenían sobre los hunos:
Son seres, imberbes, musculosos, salvajes, extraordinariamente resistentes al frío, al hambre y la sed, desfigurados por los ritos de deformación craneana y de circuncisión que practicaban, e ignorantes del fuego, de la cocina y de la vivienda.


Expansionismo Extremo Oriente:
Según las crónicas de la antigua
China, los xiongnu eran un pueblo nómada de pastores y guerreros que vivían en las estepas de Asia centro-oriental, al norte de la Gran Muralla China. Muchos historiadores modernos piensan que los xiongnu mencionados en las crónicas chinas eran el mismo pueblo que apareció siglos más tarde en Europa e invadió el Imperio Romano bajo el nombre de los hunos.
La
dinastía Qin pudo rechazar sus ataques de forma más o menos eficaz, pero a la caída de ésta los xiongnu lograron superar la Gran Muralla e iniciar una serie de incursiones en territorio chino. Los xiongnu también combatían contra otros pueblos nómadas y durante el mandato del jefe Mao Dun (209-174 a. C.), derrotaron a las poderosas tribus de los xianbi, los tunguses y los kitán, unificando por primera vez el área ocupada por la actual Mongolia. El emperador chino Wen, de la dinastía Han quiso alejar el peligro de este nuevo imperio pagándoles tributo (seda y cereales sobre todo), algo que con el tiempo sería una constante en la relación de los hunos con otros pueblos. Era tal la cantidad que exigían los hunos para no entrar en guerra que los bienes recibidos cada año les sobraban, hasta el punto de que los vendían a los mercaderes de occidente que llegaban por la Ruta de la Seda con notables beneficios. También hubo matrimonios de conveniencia entre princesas chinas y reyes xiongnu con el fin de sellar la paz.


Extensión máxima del Imperio Han:
Esta relación se rompió cuando el emperador Wu decidió dejarles de pagar tributo y, anticipándose a la esperada reacción de los xiongnu, envió varias expediciones a
Asia Central a partir de 133 a. C., aunque sólo una tuvo éxito: la que en el año 127 a. C. consiguió expulsar a los xiongnu del curso superior del Río Amarillo. Las expediciones posteriores mantuvieron entretenidos a los bárbaros combatiendo en su propio territorio de forma constante, lo que les debilitó. En el año 121 a. C. fueron derrotados en el corredor de Gansu por el general chino He Qubing (que construyó allí la fortaleza de Juyan) y forzados a marchar hacia el oeste, donde ya habían sometido unas décadas antes al pueblo indoeuropeo de los tocarios. Una vez expulsados los xiongnu de la cuenca del Tarim, los chinos la pusieron bajo su mando y entraron en contacto por primera vez con los persas helenizados de Fergana, que introdujeron la alfalfa y el caballo árabe en China.


China durante la etapa de los Tres Reinos, después de la caída de los Han
Los debilitados xiongnu se escindieron en dos ramas hacia el año
48 dC, y una de ellas, los hunos del sur, se puso bajo el mando de los Han. Éstos los destinaron a vigilar la zona del nacimiento del Río Amarillo. Aunque dejaron de atacar a los chinos, los xiongnu no creyeron que su lealtad implicase estar en paz con las otras tribus sometidas de la zona y los reinos tributarios de Asia Central, por lo que llevaron a cabo una ola de saqueos en la región durante los años 60-70. Esto provocó el que los emperadores Zhang (76-88) y He (89-105) volviesen a combatir contra ellos y los expulsasen de la cuenca del Tarim, aunque el debilitado poder chino en Asia Central debió hacer frente inútilmente a la sublevación posterior de las tribus tibetanas de la zona y terminaron por evacuar la región.

EL IMPERIO BIZANTINO


La muerte de Teodosio I, en el año 395, el Imperio Romano, por razones administrativas, dada la enorme extensión de su territorio que lo convertía en ingobernable, fue definitivamente dividido en dos partes, la oriental y la occidental.
El Imperio Romano de Oriente o bizantino, que comprendía la península balcánica, Asia Menor, Siria, Palestina y Egipto, único sobreviviente tras la caída Occidental del imperio en manos de los bárbaros en el año 476, a través de sus gobernantes, se propuso reconquistar la grandeza perdida, con la recuperación del territorio occidental.
El oriente pudo sobrevivir, merced a la posición estratégica y privilegiada de Constantinopla, su capital, poderosa y amurallada, fundada sobre la colonia griega de Bizancio, por el emperador Constantino. Su majestuosidad y su imponencia mostraban grandes palacios y edificios públicos, iglesias colosales, teatros, acueductos, anchas avenidas y baños públicos, lo que la convertían en centro de admiración y codicia entre los pueblos medievales.
El nombre de bizantino simboliza el triunfo de la cultura griega, sobre todo a través del idioma griego, que se impuso sobre el latín, y por ese motivo Bizancio no pudo ser totalmente reemplazada.
Esa ciudad era el centro comercial de valiosos productos que circulaban entre el Mar Negro y el mediterráneo, posibilitando el intercambio entre Europa, Asia y África.
Se importaban sedas, perlas y especias de China, Mesopotamia e India. De Siria y Persia ingresaban telas y tapices, de África, oro y marfil y de Rusia, pieles y miel. Se exportaban artesanías y fundamentalmente sedas. Como moneda utilizaban el besante o bizantino, hecha de oro.
Culturalmente era notable la inflencia helenística, aunque con aportes romanos, cristianos y orientales.
Constantino elegido por sus tropas para ocupar el poder, adoptó poco antes de su muerte la religión cristiana como religión oficial del Imperio Romano para lograr su unidad.
El mundo cristiano se dividía entre los arrianos, considerados herejes por la iglesia y los seguidores de ésta. Sus diferencias trataron de resolverse en el concilio de Nicea (año 325).
En el año 527, asumió el poder el que sería el más brillante de sus emperadores: Justiniano, quien se propuso reunificar el imperio bajo su autoridad.
Dada la carencia de uniformidad legislativa, ordenó su compilación, culminando la obra codificadora iniciada en el siglo IV.
La sanción del Corpus Iuris Civilis, obra ciclópea que recopilaba el derecho vigente, lo coloca como el padre del derecho de numerosos estados europeos, sobre los que ejerció su influencia. Comprendía el Código, recopilación de leyes, el Digesto o Pandectas, recopilación de Iura, que eran las opiniones de juristas romanos, las Institutas, manual de Derecho destinada a estudiantes y las Novelas, con normas posteriores a la sanción del Código.
Reorganizó el Estado, y creó un sistema eficiente tributario y militar. Colocó la iglesia bajo su dominio (cesaropapismo) y se convirtió en un monarca teocrático.
Construyó en Constantinopla la imponente iglesia de Santa Sofía y los mosaicos de Rabena, en Italia.
Con el objetivo de reconquistar el imperio occidental, selló la paz con Persia, cuyo general, Belisario, tomó el norte de África, Córcega, Cerdeña y las Islas Baleares, ocupado por los vándalos, arrebató Italia a los ostrogodos y despojó a los visigodos del suroeste de España.

A la muerte de Justiniano, todas las posesiones readquiridas fueron nuevamente perdidas, a manos de los lombardos, los visigodos, los eslavos y posteriormente de los árabes, los ávaros, los búlgaros, para culminar con la invasión de los turcos que pusieron fin al Imperio Bizantino en el año 1453.

EL ISLAM

Islam es una palabra Árabe que significa paz, pureza, aceptación y compromiso. Como una religión, el Islam lleva por completo la aceptación y el sometimiento a la enseñanza y consejo de Dios.
No es una nueva
religión, es en esencia el mensaje y consejo en el cual Dios reveló a todos sus mensajeros:
Dijeron: "Nosotros creemos en Allah y ésto, lo cual fue revelado a Abraham, Ismael, Isaac y Jacob y a las tribus en las cuales fue dado a Moisés, a Jesús y a los profetas de su Señor, nosotros no hacemos distinciones entre ellos y nos sometemos a ÉL".
El mensaje que fue revelado al profeta Muhammad es el Islam en su forma final completa y comprensiva.
Este mensaje nos da a entender que en el Islam Allah está por sobre todas las cosas, podemos compararlo con los conceptos del filósofo
San Agustín, donde establece que Dios está por sobre todas las cosas y llegar a Él es encontrar la sabiduría.
En la
historia de la filosofía Árabe el médico era el sabio, el maestro por excelencia y el Filósofo, todo esto lo expresa el término Al-Hakim, con el cual se denominaba a los médicos.
El aprendizaje de la medicina era para los musulmanes una búsqueda de la sabiduría que no se limitaba en el plano teórico, sino que necesitaba de la experiencia viajera, de buscar más allá de los conocimientos y conocer otros lugares y otras personas. La medicina era una forma de Filosofía que buscaba la salud de los hombres por medio de una vida adecuada a su naturaleza.
En conclusión, ser médico para los musulmanes es ser sabio, o sea obtener la sabiduría y así llegar a Allah y convertirse en
Filósofos; nos recuerda nuevamente a San Agustín que encontrando la sabiduría llega a Dios y es Filósofo.
Los musulmanes consideran la ignorancia como el peor de los males, dice un proverbio árabe:
" Buscad el saber aunque halla que ir hasta la
China ".

¿Porqué el Islam es a veces malentendido?
El Islam es frecuentemente malentendido y parecerá exótico en algunas partes del mundo de hoy. Tal vez esto es porque la
religión no en mucho tiempo dominará cada día de la vida de la sociedad occidental, mientras que para los musulmanes el Islam es vida.
Interpretamos esto como si existiera una envidia de la
sociedad Occidental hacia la sociedad Oriental, ya que ésta última disfruta de su religión, viviendo y rigiéndose por ella no importándole el precio, mientras que para los Occidentales es como un peso que llevan sobre sus hombros.
Los musulmanes no hacen divisiones artificiales entre el secular (sacerdote que no se encuentra bajo las reglas de una
iglesia) y el sacerdote que ejerce.
Por algún pequeño
tiempo el Islam fue pensado como alguna religión del Este, pero con el incrementado número de musulmanes viviendo en el Oeste, éste está siendo gradualmente percibido como una confianza global.
Los musulmanes no son vistos como forasteros con prácticas inusuales, pero están siendo bienvenidos como parte de un mosaico de la vida en el Oeste. En muchos casos, el Islam no es visto como una religión aceptable pero sí como un deseoso camino de vida.


¿ Cómo comenzó el Islam?
Cuando nos hablan de civilizaciones siempre evocamos a las más cercanas a nosotros, como por ejemplo a las civilizaciones Occidentales.
Pero sin embargo, no debemos olvidar que en otras regiones florecieron civilizaciones que, aunque al cabo de varios siglos entraron en decadencia tuvieron una importancia extraordinaria en el
desarrollo de la Humanidad.
Éste es el caso, de la civilización islámica, en muchos aspectos sorprendente por su contraste con las formas culturales que en la misma época de su florecimiento, en la
Edad Media, prevalecían en la Europa cristiana.
El territorio conquistado por los árabes está ubicado entre el Mar Rojo, el mar de Omán y el Golfo Pérsico; es un territorio amplio, representa una cuarta parte de
Europa, pero está casi totalmente ocupado por estepas y desiertos que dificultan la vida sedentaria.
En éste territorio se organizó una brillante civilización, llamada musulmana, ésta se destacó por su prosperidad material y por su
desarrollo intelectual y artístico.
Antes del siglo VII, los Árabes constituyeron tribus independientes de pueblos belicosos e idólatras, ya que cada tribu adoraba numerosas divinidades, ángeles y genios que representaban bajo la forma de ídolos con figura humana o animal. Tenían una ciudad común, La Meca, en donde se reunían periódicamente en el templo de la Kaaba, que es el altar donde se encuentra una piedra negra ubicada en el centro de la Mezquita y según la creencia fue traída por un ángel y se oscureció por la acción de los pecados humanos.


¿ Quién fue Mahoma?
A comienzos del siglo VII de la era cristiana se produjo un acontecimiento extraordinario en la península Arábiga. Una figura carismática unificó las tribus nativas que, después, se embarcaron en una campaña de conquista que duró siglos.
Éste
hombre se llamaba Muhammad, era conocido como el profeta Mahoma y su religión era el Islam. Él carecía de cultura pero se sentía inspirado, influido por las corrientes judaicas y cristianas, el Antiguo y Nuevo Testamento para afirmar la unicidad de Dios.
Como el profeta no recibió una
educación formal, el Corán le fue revelado a través del habla, y fue escrito por sus secretarios. Así toda palabra fue escrita y preservada durante y después de su vida por sus compañeros.
Muchos llaman al Islam "Mahometismo", en realidad es un nombre impropio para el mismo y lo ofende espiritualmente porque Mahoma fue el mensajero de Dios y no una divina adoración de los musulmanes. Ellos adoran a Allhá, no a su último profeta.
La predicción de Mahoma encuentra escepticismo en algunas personas y burlas en otras, encontró también algunos adictos que alarmaron a los comerciantes que traficaban en La Meca del
riesgo que corrían sus negocios, ya que éstos se basaban en las peregrinaciones y se estaba propagandeando la abolición de los ídolos. Al principio él encontró apoyo en los de su tribu pero no tardaron en abandonarlo.
Mahoma luego de iniciar la expansión del Islam muere a los 76 años, el 8 de junio de 632, en un lugar muy alejado de La Meca.

EL REINO DE LOS FRANCOS

Los francos fueron una tribu procedente de Baja Renania y de los territorios situados inmediatamente al este (Westfalia), que, al igual que muchas otras tribus germánicas occidentales, entró a formar parte del Imperio Romano en su última etapa en calidad de foederati. Establecieron un duradero reino en una zona que abarca la mayor parte de la actual Francia, así como la región de Franconia en Alemania, estableciendo así la semilla de lo que más tarde serían estos dos países actuales.

Cabe señalar que los Francos se asentaron en la zona Bélgica y norte de Francia en el siglo IV.
El reino franco vivió varias segregaciones y distribuciones, dado que los francos dividían la propiedad entre los hijos supervivientes, y a falta de un amplio sentido de la
res pública, concebían el reino como una propiedad privada de grandes dimensiones. Esta práctica explica en parte la dificultad de describir con precisión tanto las fechas como las fronteras geográficas de cualquiera de los reinos francos, así como de determinar quién gobernaba en cada una de las regiones. El bajo nivel de alfabetización durante la hegemonía de los francos agrava el problema, ya que se conservan muy pocos documentos escritos. De todas formas, podemos decir que básicamente se distinguían dos dinastías de líderes que se sucedieron respectivamente: en primer lugar los merovingios y después los carolingios.


La palabra franco significa «libre» en el lenguaje franco. Esta libertad no se extendía a las mujeres ni a la población de
esclavos que se trasladaron con los francos libres.
En un principio, los francos se dividían en dos grupos, cuyos nombres derivan de ríos: los
salios (del Yssel, en Holanda), y los ripuarios («habitantes de la orilla del río Rin», en latín). Ya en el siglo IX (si no antes) la división entre ambos era prácticamente inexistente, pero durante algún tiempo continuó siendo aplicada en el sistema legal por el que una persona podía ser juzgada.